30 de agosto de 2010

A Nadie.









Oí el viento resoplar contra las ventanas. El día perfecto, pensé.

Bajé por las escaleras y me dejé perder, no tardé en hacerlo, no tardé en llegar a una calle vacía donde el viento era mucho más fuerte. Perfecto. Allí lo hice: grité.

- ¡¡Te echo de menos!!

De repente una mano se posó en mi hombro y al girarme descubrí a un hombre con sombrero de ala ancha y bigote.

- Pero señor, ¿no ve que aquí no hay nadie? Solo el viento… - me dijo.

- Por eso mismo – contesté.

- ¿Por eso mismo? ¿A quién echas de menos?

Perdida mi mirada, tardé en contestar:

- A Nadie.

9 comentarios:

  1. aish... triste final
    pero me encanta, como siempre ^^

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  2. Corto pero me ha encantado =) Un saludo!

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  3. Wowwww
    Me gusta!!!!Coincido con Alpor, se nos hace corto!!!!

    Cuidate amigo!!! :)

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  4. Yo opino, que él miente, que le grita al viento para que llegue al corazon de su ¿amada?

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  5. Texto intenso :)
    Realmente, veo inevitable el hecho de "no echar de menos". Es algo complicado no añorar nada y a nadie, supongo que el que lo consiga será caracterizado por su gran fortaleza, yo le admiraria.
    Escribes genial marco :D
    Pasate por el mio si te apetece
    Un beso!

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El reflejo de tu alma...