9 de diciembre de 2011

Fuera de lugar.


Abandonaron la caravana al amanecer. Seryen apenas tuvo tiempo de desayunar un trozo de pan duro y seco con algo de queso mientras Phil ensillaba su pequeño poni color nieve.
- ¿Te encuentras… te encuentras bien, Dama?
- Perfectamente, gracias Phil. – partiéndole en dos con la mirada de su ojo izquierdo, tuvo buen cuidado de ocultar el derecho bajo un mechón de cabello rubio. – Dile a mi padre que hoy cabalgaré a su lado.
Detestaba que el joven estuviera siempre cerca de ella. Se suponía que era su labor, pero para Seryen no era más que un chiquillo que quería obtener algo de atención en forma de oro.
- Si, Dama.
Con una inclinación de cabeza, el muchacho se alejó entre las pocas tiendas que aun permanecían levantadas. Seryen suspiró. No había dormido ni un momento en toda la noche… nunca se había sentido tan asustada. Se miró y remiró en el espejo una y otra y otra vez. Pero aquel error seguía allí, oculto ahora bajo su pelo… ¿durante cuánto tiempo?
No se atrevió a volver junto a la bestia.
«Eres como yo.» La voz aun resonaba en su cabeza, y por más que tratara de ignorarla no desaparecía. Negó en silencio, sonrió con cortesía a un soldado que pasó a su vera y montó en Nieve sin esperar a la vuelta de su escudero.
Nunca en su vida se había sentido tan diferente, tan distante del mundo que la rodeaba. 

3 comentarios:

  1. Alguien necesita dejar de escribir relatos y empezar a escribir capítulos... Eso es lo que voy a decir por ahora... :3

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  2. Jajajajajaja! Aun no estoy preparado...

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El reflejo de tu alma...