19 de marzo de 2014

Caer o volar, ¿cuál es la diferencia?

Sosteniendo el pequeño frasco al trasluz, comprobó que la sustancia que contenía fuera auténtica. El índigo de buena calidad tenía la consistencia viscosa de la mermelada y un ligero color azul, pero dejaba perfectamente pasar la luz.
Le había costado tres sobornos y doscientas lunas pero por fin lo tenía en sus manos. Introduciendo el dedo índice en el interior de la pasta, se la untó en la parte de abajo de la lengua.
Una de las ventajas del índigo era que no tenía que esperar. Casi en el mismo momento en el que la sustancia entraba en su organismo empezaba a sentir sus efectos: los colores se intensificaron, sus movimientos se volvieron lentos, torpes e inseguros pero se sentía bien.
- Has vuelto. Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que pensaba que no volverías.
Allí estaba. La razón por la que consumía era él. Era como mirarse en un espejo, algo más alto, menos corpulento y de ojos azules, pero allí estaba su reflejo, hablándole.
- Necesito respuestas. – La voz le salía pastosa; escupió a un lado. El índigo siempre le hacía salivar demasiado.
- ¿Caer o volar? ¿Cuál es la diferencia?
- No empieces otra vez con las adivinanzas, me ha costado mucho volver aquí y no tengo apenas tiempo. Tienes que ayudarme.
- ¿Qué le ocurre a tus alas?
- No quiero vivir para siempre.
Y entonces algo cambió en la cara de su reflejo. Una expresión de sorpresa e incredulidad se adueñó de su rostro.
- Mientes. Vivir eternamente era un deseo que ya tenías de crío.
Christien no podía estar seguro de que ese hombre tuviera razón pero sí que sentía, interiormente, que había anhelado aquello durante mucho más tiempo del que era capaz de recordar.
Su reflejo alargó la mano, estiró la delgada piel bajo sus ojos.
- Vaya. – La expresión de sorpresa había girado a mil revoluciones por segundo hasta transformarse en una sonrisa rasgada. – Veo en tus pupilas excesivamente dilatadas lo que ocurre. He de admitir que esto no me lo esperaba. Jamás pensé que viviría lo suficiente para verte asustado, pero aquí estas, asustado y… - la sonrisa se hizo más ancha – enamorado.
- No.
Con un golpe rompió el contacto entre los dos. Su reflejo se reía ya a carcajadas mientras se difuminaba en el aire. Su voz le alcanzó una última vez antes de desaparecer por completo:
- Quieres vivir eternamente, hermano, lo que no quieres es hacerlo solo. 

1 comentario:

  1. El amor... lo que nos da la vida o nos la quita.
    Genial entrada ;)

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El reflejo de tu alma...